¿Quién dijo que el otoño es triste?
Octubre 17, 2006 at 9:08 pm | In Paisaje | 2 Comments![]() |
Ara ve el temps del gran repòs Felip Graugés |
Es verdad que los días se acortan y las faldas se alargan, pero en las laderas del Montseny el fin del ciclo biológico se celebra con un frenesí de vitalidad. Los bordes de las carreteras se plagan de un espécimen característico, el recolector de setas, o boletaire como se le conoce por aquí, ávidos de la deliciosa sombrilla. El hayedo del Matagalls, a despecho de la cercana e inevitable desnudez, se desquita con un festival de colores. Las hayas amarillean tímidamente y los arces se vuelven bermellones, pero en realidad la fiesta del color está sólo en sus inicios.
En cuanto llegue el fin de semana no me pienso perder los progresos de la coloración que estará ya más cercana a su apogeo.
Flujo e histeria
Octubre 8, 2006 at 12:41 pm | In Comunidad, Tribalismo | 3 Comments
¿Por qué ha subido tanto la histeria con la inmigración en España en los últimos meses? El flujo de inmigrantes ilegales sigue siendo tan alto como siempre, tan alto como durante el reinado de José María I y los fundamentos de nuestra sociedad y nuestra economía no parece que se hayan venido abajo.
Los medios de comunicación, tan objetivos e informativos ellos, son los colaboradores necesarios del desasosiego ofreciéndonos relatos e imágenes diarias de remesas humanas que invaden las Islas Canarias en embarcaciones de fortuna, como antes hacían con las pateras de Marruecos. Puede que los cayucos sean un problema local para Canarias, que si se quisiera se resolvería inmediatamente con repatriaciones y repartiendo por el territorio peninsular a los inmigrantes que no se pueda devolver a su país. Pero es una minucia para España, donde el grueso de la inmigración ilegal entra por carreteras y aeropuertos. Entonces, ¿por qué precisamente ahora se han volcado medios de comunicación y políticos en una histeria colectiva (porque llamarlo debate me parece demasiado generoso) sobre la inmigración?
Como decía no parece que el problema de la inmigración se haya vuelto peor justamente ahora. Ni siquiera el fenómeno de las pateras es nuevo. Simplemente los medios son histéricos por naturaleza y el principal partido de la oposición ha decidido sacar partido de ese sensacionalismo, más dados al juego electoral y a erosionar al gobierno que ha reunirse y pactar soluciones conjuntas.
Si esta confusión sirviese para lanzar un debate racional sobre el fenómeno inmigratorio, bienvenido sea. Pero no parece que sea el caso.
Las preguntas que me interesan siguen en el aire. ¿Es posible, o mejor dicho hay algún modo viable y práctico de limitar el flujo de inmigración ilegal, o es una quimera como parecen demostrar los intentos de frenar la inmigración en la frontera entre México y EEUU? ¿Qué es peor, tener una inmensa bolsa de inmigrantes sin papeles, sin contrato, difíciles de integrar en la sociedad y que no pagan impuestos ni seguridad social, o regularizarlos y correr el riesgo de un efecto-llamada? ¿Para combatir la inmigración ilegal, ayudaría algo si se aumentase el flujo de trabajadores que entran legalmente, con visado para trabajar? Y la pregunta del millón, ¿la inmigración proporciona un saldo beneficioso o perjudicial para los ciudadanos de nuestro país? Se cierra la histeria y se abre el debate.
Una de antieuropeístas
Octubre 4, 2006 at 9:51 pm | In Caza y recolección, Tribalismo | 4 Comments
Hay algunos, como una buena mayoría de los británicos, que no esconden su recelo ante la pérdida de cotas de soberanía nacional en favor de Europa, y otros que de boquilla van de europeístas pero que a la hora de los hechos son más nacionalistas que ninguno. Nuestro país y nuestro gobierno no son de los más nacionalistas si nos comparamos con otros, como los franceses por ejemplo. Habría mucho que hablar de la Constitución Europea, que los franceses fueron los primeros en tumbar, de la bochornosa campaña en la que la figura del fontanero polaco era el símbolo para el coco malo que venía a quitar puestos de trabajo a los nacionales, y en la que se traslucía una gélida acogida, cuando no miedo a unos recién llegados que son tan europeos como nosotros.
Pero hoy no toca hablar de la viga en ojo ajeno, sino de la nuestra. Esta vez nos toca a nosotros, más concretamente al gobierno español, deslizarse por la fácil pendiente del nacionalismo como política industrial en el caso de las opas sobre Endesa, poniéndole el camino fácil a sus amiguetes de Gas Natural y condiciones severas a la alemana E.ON. Me temo que ser europeístas no consiste en hacer una política de favorecer a los amigos con la excusa de que son los de aquí y en no fiarse de otra empresa y ponerles condiciones más duras con la excusa de que son alemanes. Es una política que puede favorecer a una empresa catalana en particular, pero que no es la que va a redundar en un mejor suministro eléctrico para los españoles, ni mucho menos va a favor de los europeos en general.
En fin, el bochorno continúa. El gobierno ya tuvo que desdecirse y admitir que E.ON pueda opar a Endesa, pero sigue enfrentado a los dictámenes de las instituciones europeas al respecto (bien por los “europeístas”), y tiene pinta, a menos que se desdigan otra vez, que continuaremos así hasta el Tribunal de Luxemburgo que con toda probabilidad fallará en contra de nuestro gobierno. Así que resignación. Es triste pero esta vez le toca a nuestro país ser el exponente del nacionalismo trasnochado y posiblemente del amiguismo, y el que pone obstáculos a una mayor integración entre empresas europeas.
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